El roce, el sudor y la falta de oxigenación en la zona por el uso de mascarillas durante largas horas pueden provocar la aparición de brotes de acné y el empeoramiento de patologías previas como la rosácea o la dermatitis seborreica. El calor y el estrés añadido hacen de catalizador para que al retirarla encontremos un sinfín de problemas en la piel:

 

El uso prolongado de mascarillas está propiciando la aparición de patologías dermatológicas en la zona facial, así como el empeoramiento de otras existentes. A los efectos que provoca la oclusión, la retención de vapor de agua en la zona facial y el roce continúo, se suman el calor y el estrés añadido, lo que aboca nuestra piel a un camino sin retorno. Además, según los dermatólogos, a menudo se abandonan los tratamientos habituales, propiciando el envejecimiento de la piel.

 

En las clínicas dermatológicas se ha notado un aumento de consultas de pacientes a los que las mascarillas han generado la aparición de brotes acneicos, incluso entre pacientes que nunca habían tenido ese tipo de problemas. Personal sanitario, policías, comerciantes y pacientes que trabajan durante una gran cantidad de horas con mascarillas por estar de cara al público. Todos estos efectos pueden empeorar con las altas temperaturas, agravando las alteraciones de la función de evaporación transcutánea, así como la obstrucción de los poros, lo que propicia la aparición de acné, rosácea y dermatitis alérgicas. La presión puede producir erosiones y heridas.

 

Los hombres con barba pueden tener más problemas con las mascarillas, ya que éstas producen irritación en la zona, pudiendo provocar foliculitis de barba además de impedir que queden bien encajadas y hagan su función de filtro. Además, cuando se llevan colocadas durante horas, pueden producir pérdidas de la piel detrás de las orejas, así como heridas y fisuras, por lo que es recomendable retirarlas durante 5 ó 10 minutos cada hora.

 

También las mascarillas autofabricadas pueden producir dermatitis de contacto alérgico a su tinte por tener colorantes que contienen parafenilendiamina (PPD).

 

Sea cual sea el tipo de mascarilla utilizada, es obligatorio mantener la higiene, no sólo de las manos, sino de mascarillas y cara, siempre por la noche. Es mejor utilizar mascarillas de un solo uso y en caso de ser reutilizables, higienizarlas por la noche con una solución hidroalcohólica sin empaparla, simplemente para que se desinfecte. Antes de colocar la mascarilla, además debemos asegurarnos de tener el rostro completamente limpio: es conveniente lavar bien la cara utilizando un jabón de piel adecuado sin sosa (los jabones habituales contienen sosa y son muy agresivos produciendo un efecto rebote) siendo recomendable el uso de una crema hidratante que no sea demasiado densa, sino de consistencia fluida, adecuada a cada tipo de piel. Igualmente se recomienda el uso de protectores solares de tipo gel, más ligeros y menos untuosos y oleosos, también en la piel cubierta por la mascarilla, ya que no todas protegen frente a todos los tipos de radiación.