Probablemente han notado un cierto nivel de irritación generalizada: cuando pasamos soltamos la puerta de acceso al metro sin sujetarla para la persona que viene detrás, enseguida nos ponemos a la defensiva cuando alguien nos expone un punto de vista diferente, dejamos que cada uno se apañe como pueda cuando un compañero tiene un problema… Son actitudes que vivimos cada día, de las que nos quejamos pero a las que no creemos poder poner solución.

La oportunidad de cambiar esta tendencia está en nuestra mano: la amabilidad es una actitud contagiosa. Es agradable de recibir; a todos nos gusta que nos traten con cordialidad, que los demás puedan ponerse en nuestra piel y que nos dediquen una pequeña atención o un pequeño gesto de cortesía. Pero además es reconfortante regalarla, o dígannos si nó si no han sentido satisfacción por  hacer algo positivo por otra persona. Por eso les animamos a practicar la amabilidad de diario como antídoto a la crispación (y al calor).

Nuestra recomendación es no desanimarse aunque no haya reacción en los receptores de nuestros esfuerzos. Y también hacer saber a las personas amables que agradecemos su buena disposición para alentarlas para que lo sigan siendo.

En nuestro oficio de comerciantes ésta es una seña de identidad: ofrecer a los clientes un trato cercano, informarles, aconsejarles y hacerles sentir como en casa es parte de nuestro ADN. El valor diferencial de su droguero o su perfumista sobre cualquier otro tipo de negocio es que les atenderá SIEMPRE bien porque la amabilidad es parte de su profesión.