Sabemos que estamos dañando irremisiblemente el planeta y por eso debemos tomar todas las medidas que podamos, por pequeñas que sean, para no contribuir aún más a la destrucción del medio ambiente.

Hasta hace casi una década, los fabricantes de detergentes añadían fosfatos a sus fórmulas para contrarrestar la dureza del agua y maximizar la eficacia de la limpieza. Pero cuando esos fosfatos llegaban a los lagos y ríos se aumentaba el fenómeno de la eutrofización.

¿De qué estamos hablando? Pues del fenómeno más contaminante de las aguas de ríos, lagos y embalses sólo superado por la agricultura y el alcantarillado. Resulta que los fosfatos producen un enriquecimiento enorme de nutrientes en un sistema acuático, favoreciendo la proliferación de algas que, a su vez, matan a los peces al privarles de oxígeno en el agua.

La Comisión Europea realizó en el ya lejano año 2007 un informe para ver si era posible reducir el uso de fosfatos en detergentes para la colada y el lavavajillas con el doble objetivo de detener la eutrofización y de disminuir los costes de la eliminación de los fosfatos en las plantas de tratamiento de aguas residuales, que concluyó con la recomendación de prohibir su uso.

Pero esa prohibición no se hizo efectiva en el territorio europeo hasta el año 2017, porque  el Reglamento del Parlamento Europeo que se aprobó en 2012 daba un margen temporal de cinco años a los países en los que su normativa no se había adaptado a la del resto de componentes de la Unión.

Pese al coste económico que suponía a los fabricantes reformular sus productos, el problema mayor sin embargo, no lo suponía el dinero, sino  encontrar alternativas eficientes a los  fosfatos. La industria ha estado innovando constantemente para dar el salto y ofrecer productos que cumplan con las expectativas de los clientes en términos de limpieza.

Los detergentes y lavavajillas tienden a ser más respetuosos con el medio ambiente y podemos confiar en el cumplimiento estricto de la normativa europea por su parte.

El Ministerio de Sanidad a través de su departamento de Calidad, Seguridad y Vigilancia del Mercado organiza campañas de control sobre todo tipo de géneros de consumo. Como ejemplo, para 2019 se están realizando trabajos sobre cepillos de dientes, desatascadores, quitagrasas y detergentes líquidos.

A final de 2018 se presentaron los resultados del estudio de presencia de fosfatos en los detergentes para lavavajillas automáticos destinados a los consumidores, con un resultado muy satisfactorio que podéis consultar en el enlace.

Podemos asegurar que el camino para mejorar no se acaba aquí y que se siguen buscando nuevos compuestos más amables con la naturaleza. Como vendedores de detergentes, pero también como usuarios, es nuestra obligación hacer buen uso de estos artículos y recomendar a los clientes el seguimiento estricto de las instrucciones que vienen en el etiquetado, pues sólo así evitaremos desperdiciar innecesariamente producto y filtrar a nuestros ríos y mares elementos químicos que les son ajenos.