La justicia de Estados Unidos vincula con el cáncer al herbicida más utilizado del mundo. Un jurado en la ciudad de San Francisco ha determinado esta semana que un herbicida basado en glifosato fue “un factor sustancial” en la aparición de cáncer en el jardinero Edwin Hardeman, un hombre de 70 años de edad. La decisión, tomada por unanimidad, señala que el herbicida Roundup contribuyó a que Hardeman padeciera un linfoma no Hodgkin.

La farmacéutica Bayer, fabricante de ese producto, ha rechazado con vehemencia la posibilidad de que este sea cancerígeno. El glifosato es el principio activo de numerosos herbicidas comerciales (también se emplea en céspedes y jardines). En 1970 un químico de Monsanto descubrió sus efectos herbicidas. Con el nombre de Roundup, empezó a comercializarse en 1974.

A partir de 1994-96, la misma Monsanto empezó a comercializar plantas genéticamente modificadas inmunes al efecto del glifosato. Esto permitía utilizar intensivamente el herbicida para eliminar las malas hierbas sin afectar el cultivo principal. El uso del producto despegó de forma estratosférica. Además, la última patente comercial de Monsanto acabó en el año 2000, con lo que empezaron a aparecer genéricos que hicieron aún más competitivo el uso de estas sustancias.

El miércoles 21 de marzo, durante la apertura de los mercados bursátiles, las acciones de la compañía farmacéutica registraron una caída de casi 12% en su precio. La empresa aseguró que sigue creyendo “firmemente que la ciencia confirma que los herbicidas fabricados con glifosato no causan cáncer”.

El glifosato está en la lista de ‘probablemente cancerígenos’ de la OMS. Justo al lado de la carne roja o ser peluquero. Es decir, hay suficiente evidencia científica como para pensar que sea probable que la exposición al glifosato cause cáncer pero no se ha podido probar una relación directa, de lo que deriva una larga polémica entre defensores y detractores de su uso.

Portugal, Italia y la ciudad canadiense de Vancouver han prohibido el uso de este agente químico en parques y jardines públicos. El Ayuntamiento de Madrid anunciaba en marzo 2016 que dejaría de “utilizar paulatinamente glifosato para el control de las malas hierbas en los parques y zonas verdes de la ciudad”.

Para comprar herbicidas para el mantenimiento nuestro césped, lo mejor es consultar al droguero sobre usos y alternativas.