Los hurtos comerciales y los errores administrativos supusieron unas pérdidas de 1.799 millones de euros para las empresas de gran consumo durante el 2017. Así lo desvela el estudio La pérdida en la gran distribución comercial 2018, elaborado por Aecoc.

La pérdida desconocida es la diferencia entre el inventario teórico y el real del stock. Se debe a diversos motivos: el hurto externo, el hurto interno y los errores administrativos, todos ellos circunstancias que no han llegado a ser identificadas o registradas.

El hurto externo lo constituye la pequeña sustracción por parte de los clientes o bandas organizadas que no ha sido detectado. El hurto interno es el cometido por los propios empleados de la empresa, así como proveedores y subcontratados que tienen libertad de acceso a las mercancías. Los errores administrativos consisten en pérdidas causadas por errores de apreciación no intencionados, mermas causadas por efectos naturales y pérdidas accidentales (por ejemplo, la anotación de venta con precios equivocados, errores en la recepción, falta de contabilización de mermas por caducidad, etc.).

El comercio detallista es el sector productivo más afectado por este fenómeno, que depende del modo de venta y del volumen de negocio: así en los establecimientos grandes el empleado está sometido a más controles pero la gran masa de clientes que acuden hace más difícil vigilar el espacio y sus movimientos, por lo que en este tipo de establecimientos es más importante el hurto externo que el interno. Mientras que en establecimientos pequeños los empleados cuentan con la máxima confianza, y el hurto interno es mayor que el externo.

La pérdida desconocida tiene una repercusión directa sobre la cuenta de resultados, y no es inusual que pueda llegar a superar los beneficios netos. La multiplicidad de delitos y errores posibles se resumen en disminución y destrucción de recursos.

La pérdida desconocida esconde un problema de eficiencia que no sólo afecta a los distribuidores finales, sino que se transmite a lo largo de toda la cadena de suministro, con importantes repercusiones para fabricantes y consumidores, ya que en ocasiones se repercute sobre el precio de determinados productos un margen destinado a paliar su alto índice de hurto, o se rompe una relación comercial con un distribuidor por el alto índice de incidentes relacionados con sus productos.

La pérdida desconocida es una carga preocupante que somete a la empresa a un coste sin contrapartidas. ¿Qué podemos hacer? En primer lugar, detectar los riesgos. ¿Qué se pierde? ¿Cómo se pierde? Para aproximarse a esta información se recomienda llevar un registro de aquellos hechos que provocan pérdidas, de las pruebas que demuestran que se ha producido uno de estos hechos (como intentos de hurto o robo que se han detectado a través de cámaras, por ejemplo), de las discrepancias en el momento de la entrega o de la recepción…

A partir de ahí debemos decidir las medidas que vamos a tomar para reducir la pérdida, con un amplio abanico de posibilidades como:

  • Realizar inventarios. La frecuencia con la que debemos hacerlo dependerá de nuestro criterio, pero es recomendable que si detectamos en un primer recuento una pérdida desconocida importante, llevemos un control lo más estricto posible de nuestro stock y repitamos el recuento en un periodo relativamente breve.

 

  • Informatizar nuestro sistema de recuento si no lo hemos hecho ya. Un programa de gestión es una herramienta que nos facilitará enormemente el día a día en nuestro comercio y evitará en gran medida los errores contables. Existen softwares que analizan las transacciones en el punto de venta y que sirven para detectar de forma automática posibles fraudes realizados por los propios empleados.

 

  • Implantar sistemas de vigilancia  o dispositivos anti-hurto teniendo en cuenta que cualquier inversión en seguridad debe justificarse por un estudio previo que estime su rentabilidad (¿tiene un coste mayor que nuestra pérdida adquirir una vitrina de seguridad o una cámara de circuito cerrado?).

 

  • Designar a una única persona encargada para manipular los productos de alto valor o para manejar la caja y el TPV.

 

  • Formar y concienciar al personal, está demostrado que un arma muy efectiva es la educación a los empleados en cómo actuar ante diferentes actuaciones que se pueden dar en el establecimiento (por ejemplo, ofrecerse a ayudar al cliente que está teniendo una actitud sospechosa suele ser muy disuasorio).

En cualquier caso, es fundamental hacer una buena detección, una planificación meticulosa y una evaluación de las medidas y los resultados obtenidos.

 

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies