El plan de pensiones es un producto de inversión y ahorro que tiene dos tratamientos tributarios en función del momento en el que nos encontremos del plan:

  1. Durante los años de aportación, el plan de pensiones nos ayuda a ahorrar. El capital directamente invertido en el plan reduce nuestra base imponible del IRPF con un límite, que será la menor de las siguientes cantidades: 8.000 € o el 30 % de los rendimientos netos del trabajo y actividades económicas. Como consecuencia directa, pagaremos menos impuestos e incluso puede que bajemos de tramo de retenciones, con lo que el ahorro será aún mayor.

Por ejemplo, si durante nuestro periodo como trabajadores nuestro salario bruto anual es de 22.000 €, el tramo del IRPF por el que tributaremos será el del 30 %. Sin embargo, si decidimos abrir un plan de pensiones y aportar, de manera anual, 2.000 €, esta cantidad se reducirá directamente de nuestra base imponible, que pasará a ser de 20.000 €. De esta forma, habremos bajado de tramo y ahora tributaremos el 24 % de nuestros ingresos

  • Durante el rescate de los fondos. Aunque los planes de pensiones están pensados para complementar las pensiones de jubilación, existen unas circunstancias especiales en las que sus beneficiarios pueden rescatar los fondos antes:
  • Invalidez.
  • Fallecimiento.
  • Desempleo de larga duración.
  • Enfermedad grave.
  • Desahucio de la vivienda.
  • Pasados 10 años de la primera aportación: este supuesto entró en vigor en enero de 2015 y, pendiente de desarrollo reglamentario, establece que el dinero aportado antes de esa fecha podrá ser rescatado a partir de 2025.

Pero lo normal es solicitar el rescate, es decir, disponer de las aportaciones más los intereses generados,  a partir del acceso a la jubilación. Al contrario que durante los años de aportación al plan, ahora las rentas que recibamos incrementarán nuestra base imponible del IRPF, dado que el importe procedente del plan tendrá la consideración de rendimientos del trabajo. Es importante por tanto optimizar la forma de rescate para minimizar el impacto fiscal.

Es importante matizar que no hay obligación alguna de rescatar un plan de pensiones al llegar a la jubilación. De hecho, es posible seguir realizando aportaciones al mismo, las cuales podrán seguir siendo desgravadas en IRPF. Solo hay que tener en cuenta que una vez iniciemos el cobro del plan, las aportaciones realizadas a partir de entonces no podrán ser rescatadas por la contingencia de jubilación. Por tanto, la primera cuestión a resolver es si realmente necesitamos rescatar el plan de pensiones. De hecho, hay partícipes que no lo rescatan en la jubilación y lo dejan como masa hereditaria para sus herederos, dada la flexibilidad fiscal en la contingencia de fallecimiento (no tributa en el Impuesto de Sucesiones y permite diferir el pago de impuestos a un momento futuro elegido por el beneficiario). 

No existe una sola forma de rescatar un plan de pensiones y conviene conocerlas todas porque cada una de ellas implica una tributación distinta:

  • En forma de capital: se cobran todos los fondos de una sola vez.
  • En forma de renta: se recibe periódicamente una cantidad determinada de los fondos. La periodicidad puede ser mensual, trimestral, semestral o anual.
  • En forma mixta: una parte de los fondos se rescatan en forma de capital y otra en forma de renta.
  • En forma de disposición: consiste en recibir los fondos a petición del beneficiario sin una periodicidad regular con las limitaciones que se establezcan en las especificaciones de los planes de pensiones.

Retomamos nuestro ejemplo anterior y, tras cotizar durante 35 años con un sueldo bruto anual que en la última década ha sido de 22.000 €, nos quedará una pensión anual aproximada de 19.615 €. Según el índice de tramos del IRPF, nuestra renta por jubilación tributará al 19% (primeros 12.450 euros) y 24 % el exceso hasta los 19.615 euros

– Rescate en forma de capital:

Esta modalidad nos permite recuperar de una sola vez el 100 % del capital acumulado en el plan de pensiones, tanto las cuotas que hemos ido ahorrando a lo largo de los años como la posible rentabilidad que se haya derivado de ellas.

Al rescatar el plan de pensiones de esta manera, deberemos hacer frente a un único pago de impuestos por lo ahorrado en nuestro plan de pensiones. Para calcularlo, tendremos que sumar el importe del rescate a nuestra pensión anual de 19.615 € y se habrá elevado el tipo marginal hasta el máximo del 45%. Todo lo que excede de 60.000 euros (49.615 euros en nuestro ejemplo) tributará a este tipo máximo del 45%. Prácticamente el resto del importe procedente del plan (el comprendido en el intervalo entre los 35.200 y los 60.000 euros) tributará también a un tipo elevado: 37%.

En años sucesivos volveremos a tributar exclusivamente por la pensión, al no percibir otras rentas, y el tipo marginal se verá reducido de nuevo. Sin embargo, el impacto fiscal del año de rescate es muy elevado.

Rescate en forma de renta:

Con esta modalidad recibiremos de manera periódica –mensual, trimestral, semestral o anual– una cantidad de dinero que puede ser fija o variable. Esto dependerá del tipo de renta que hayamos escogido:

– Renta asegurada. Como la rentabilidad de un plan de pensiones está sujeta a los movimientos del mercado, la cuota que recibamos puede variar con el tiempo. En las rentas aseguradas esto no ocurre y siempre cobraremos la misma cuantía.

– Renta financiera. En esta modalidad la cuantía que se recibe de manera periódica varía en función de la rentabilidad del plan de pensiones.

Volvemos a nuestro ejemplo, en el que disfrutábamos de una pensión de 19.615 € y habíamos conseguido ahorrar 110.000 € en nuestro plan de pensiones. Pero esta vez decidimos rescatarlo en la modalidad de renta asegurada en un plazo de 20 años. De esta forma, nuestro plan de pensiones nos reportará, aproximadamente, 6.569 € anuales;  sumados a nuestra pensión pública, nos da un total de 26.184 € que tributarán de la siguiente manera:

  • Primeros 12.450 euros, al 19%.
  • Entre 12.450 y 20.200, al 24%.
  • El resto, hasta los 26.184 euros, al 30%.

El rescate en forma de renta tiene un impacto fiscal más progresivo, dado que la tributación se reparte entre diferentes ejercicios fiscales. Es, generalmente, la forma más eficiente de rescatar un plan de pensiones, si bien también hay que planificar el rescate correctamente para determinar qué importe anual minimiza la factura fiscal y tratar de no saltar a un tramo superior de IRPF.

Rescate mixto:

Una tercera forma de rescatar nuestro plan de pensiones es el rescate mixto, que consiste en recibir una parte de lo ahorrado en capital y, posteriormente, recibir una renta periódica.

De nuevo, es importante calcular hasta qué punto nos interesa recibir una parte en capital y afrontar el incremento –o no- del tramo del IRPF.

Este tipo de rescate puede ser interesante si se da el siguiente supuesto:

La reducción del 40 %:

En determinados casos es posible aplicar una reducción del 40 % sobre el importe rescatado y solo declarar el 60% restante, pero ¿cómo se aplica esta reducción?

Las participaciones anteriores a 31/12/2006 que sean percibidas en forma de capital disfrutan de una reducción del 40 %, es decir, solo contará el 60 % del capital reembolsado de esta manera. Para ello es necesario que este rescate se realice dentro del plazo estipulado en la ley, y que depende de la fecha en la que acaezca el hecho causante: 

  • Contingencias acaecidas en 2010 o previamente: se podía aplicar la reducción del 40 % con fecha límite 31 de diciembre de 2018. Este supuesto ya no es posible.
  • Contingencias acaecidas entre 2011 y 2014: la reducción se podrá aplicar si el rescate se produce antes de la finalización del octavo año desde que acaece la contingencia. 
  • Contingencias a partir del 1 de enero de 2015: la reducción del 40 % se aplicaría si el rescate se produjese en el ejercicio fiscal en el que acaeció la contingencia o en los dos siguientes. Este supuesto tampoco es ya posible.

En 2006 se eliminó por ley dicho beneficio fiscal, pero se mantuvo la posibilidad de aplicar la reducción del 40% sobre los derechos consolidados a todos los que habían realizado aportaciones hasta el 31 de diciembre de ese año, siempre y cuando el plan se hubiese contratado antes del 20 de enero.

Del mismo modo, con la reforma fiscal del 2015 se limitó el tiempo de esa opción. Los plazos dependen directamente de la fecha de jubilación: cuando las contingencias fueran anteriores a 2011, solo se podría aplicar la reducción en el ejercicio en el que se produce la contingencia y los dos siguientes. Por ello, los jubilados en 2016 tuvieron como límite de plazo el 31 de diciembre de 2018.

Por otro lado, si la contingencia que permite el rescate tuvo lugar entre 2011 y 2014, la reducción se pudo aplicar desde ese mismo año hasta una extensión de los ocho siguientes. Por lo tanto, para una persona que se jubiló en 2011 el plazo finalizará el 31 de diciembre de 2019, y para los que hiciesen lo propio en 2012, terminará el mismo día de 2020.

Aun contando con esta reducción, es importante no olvidar que la obligación de tributar por el 60 % restante nos invita a plantear de igual modo una estrategia adecuada para el rescate de todas las participaciones, dado que un rescate en forma de capital de un importe elevado, pese a contar con la reducción del 40 %, puede tener un impacto fiscal muy elevado.

Estrategias para un rescate más ventajoso

Existen diversas estrategias para beneficiarse de una tributación más ventajosa mediante la reducción del 40 %. Dado que dicha reducción solo es posible cuando el rescate es en forma de capital, se aconseja elegir un rescate mixto, separando las aportaciones realizadas antes y después del 1 de enero de 2007. Es decir, rescatando en forma de capital los beneficios obtenidos gracias a las aportaciones realizadas antes de esa fecha, y en forma de renta los fondos generados a través de aportaciones posteriores a 2007.

De esta manera, podremos beneficiarnos de la reducción del 40 % para aquellas aportaciones válidas y previas a 2007, mientras que nos será más útil rescatar el resto en forma de renta periódica para suavizar el impacto fiscal. Teniendo en cuenta que las aportaciones posteriores al 1 de enero de 2007 no pueden ser incluidas en la reducción, es mucho más aconsejable obtener ese capital poco a poco. De lo contrario, si lo hiciésemos todo al mismo tiempo, la carga fiscal aumentaría, así como el tramo del IRPF que nos corresponde, y eso conllevaría una tributación mucho más alta.

Asimismo, es igual de importante considerar la estrategia que hay que seguir cuando contamos con varios planes de pensiones simultáneos. Si deseamos acogernos a la reducción del 40 %, podremos hacerlo con varios planes, ya que esta se aplicará una vez por cada uno de ellos. Eso sí, los rescates de todos los planes tienen que hacerse en el mismo ejercicio fiscal. De lo contrario, los realizados posteriormente no contarían y solo se aplicaría la reducción en el primer año.

Consejos generales para rescatar el plan de pensiones

Con toda esta información en la mano, resumimos una serie de consejos que deberían seguir aquellos que quieran ahorrar a la hora de rescatar su plan de pensiones:

– Puesto que el capital o la renta del plan de pensiones suma a la base imponible del IRPF, de cara a dejarla en el mínimo posible, es interesante esperar a rescatar el plan al año siguiente a la jubilación. La base imponible será menor al contar con menos rentas.

– Calcula muy bien la renta que quieras percibir de manera mensual – o durante el periodo que hayas escogido-. Es importante no traspasar la cuantía que nos lleva a tributar en otro tramo del IRPF con un porcentaje impositivo superior.

– Para planes de pensiones con ‘pocos’ fondos, puede resultar más atractivo recuperar el 100 % del capital y afrontar, de una sola vez, el pago de los correspondientes impuestos.

Fuente: BBVA

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