A través de los medios de comunicación hemos conocido recientemente que el Ayuntamiento de Valencia ha tenido que pedir al Banco Europeo de Inversiones 160 millones para renovar la red de saneamiento, que incluye el colector norte, en proceso de limpieza del atasco de 3,5 kilómetros que ha sufrido por deshechos de toallitas higiénicas. Desde que se iniciaron los trabajos de limpieza en este colector –informa la Agencia Efe- ya se han extraído 5.000 toneladas de residuos.

A este tipo de situaciones no es ajena ninguna de nuestras ciudades, y ya se calcula que los atascos en el saneamiento vienen a costar entre 4 y 6 € por persona y año en España.

Las empresas fabricantes de toallitas reunidas en la Asociación Nacional de Perfumería y Cosmética (Stanpa), se han comprometido desde este mes mediante un Código de Buenas Prácticas a incrementar los requisitos para considerar biodegradable un material y asegurar un etiquetado adecuado que indique al consumidor dónde debe desechar las toallitas húmedas para cuidar el medio ambiente.

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y asegurar un etiquetado adecuado que indique al consumidor dónde debe desechar las toallitas húmedas para cuidar el medio ambiente.

El mensaje principal sobre el que se insiste es: “por el medio ambiente, las toallitas a la papelera”.

Los productos desechables por el inodoro tendrán que pasar hasta cinco pruebas de laboratorio, de acuerdo con la pionera Norma UNE 149002. El compromiso con el Código convierte en obligatorio el cumplimiento de esta norma. Sólo el papel higiénico húmedo que supere los requisitos en materia de descomposición, sedimentación, dispersión, desintegración y biodegradación de esta norma UNE podrá etiquetarse como “Desechable por el inodoro”.

En 2016 la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) denunció que de 19 marcas analizadas de toallitas húmedas que se anunciaban como desechables o biodegradables, 15 no se degradaban en el agua más del 5 % en el transcurso de dos meses, cuando deberían superar el 60% para ser consideradas biodegradable.

Un 63 % de los envases de toallitas son destinados para uso infantil, mientras que un 9 % se destinan a otros usos como desmaquillantes, cuidado corporal o higiene femenina.

A esta sensibilidad y evolución del sector en relación a la sostenibilidad y el medio ambiente debería unirse un aumento de las campañas de concienciación e información como las que actualmente se realizan en colegios a través de experimentos y simulaciones, donde se perciben los efectos de hábitos como tirar toallitas al inodoro como si se tratara de una papelera.

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